Licet

Licet

Está permitido.

Pocas expresiones parecen más inocentes. Sin embargo, detrás de estas sencillas palabras se esconde una pregunta que toda sociedad debe responder una y otra vez: ¿qué puede mostrarse? Y quizá, aún más importante: ¿quién lo decide?

Las fotografías de esta serie exploran la tensión entre la libertad personal y la expectativa social. No hablan de la desnudez como provocación ni del ocultamiento como vergüenza. Hablan del poder de establecer límites y de la pregunta sobre a quién pertenecen realmente esos límites.

Dos abanicos acompañan toda la serie. Uno representa a la sociedad: sus normas, valores morales, expectativas y juicios. Representa todas aquellas fuerzas que a menudo permanecen invisibles y, sin embargo, influyen en la manera en que una persona debe ser vista. El otro abanico representa al individuo: la decisión personal, el derecho a mostrarse o a retirarse de la mirada ajena, la libertad de decidir qué se vuelve visible y qué permanece oculto.

Entre estos dos polos surge un diálogo silencioso. A veces la voz de la sociedad parece imponerse. Otras veces es la decisión personal la que gana espacio. En ocasiones ambas resultan casi indistinguibles. No todos los límites son impuestos desde fuera, y no toda forma de autocontención nace de una decisión libre.

El cuerpo permanece visible a lo largo de toda la serie. Pero la visibilidad no implica necesariamente apertura. Es posible ser visto sin mostrarse realmente. También es posible mostrarse y seguir siendo incomprendido. Visibilidad y disponibilidad no son lo mismo. En una época marcada por la observación constante, esta distinción se olvida con facilidad.

Por ello, la serie no pretende ofrecer respuestas. Invita a la reflexión. Pide al espectador que cuestione su propia mirada. ¿Qué expectativas proyectamos sobre los demás? ¿Qué imágenes consideramos naturales o evidentes? ¿Y qué límites respetamos —o cruzamos— sin siquiera advertirlo?

Al final queda una pregunta sencilla:

¿Qué es visible, y quién decidió que pudiera ser visto?

Entre lo que es posible y lo que parece permitido existe un estrecho espacio en el que la libertad se negocia continuamente.

Ahí es donde comienza Licet.

Tacita Lex

La sombra del abanico de la sociedad cae sobre el cuerpo, aunque el propio abanico permanezca invisible. Su influencia, sin embargo, está presente.

Las normas sociales rara vez se manifiestan de forma abierta. Con mayor frecuencia aparecen como algo evidente y natural. No necesitan declarar qué está permitido y qué no lo está. Su sola presencia suele ser suficiente.

El abanico personal permanece cerrado. La posibilidad de elegir existe, pero todavía no ha sido ejercida.

Quizá esta imagen represente el comienzo de la historia. O quizá muestre una condición en la que nos encontramos mucho más a menudo de lo que imaginamos.


Regula

Dos abanicos estructuran la imagen. Uno oculta; el otro dirige la mirada.

Las reglas ofrecen orientación. Pueden proteger, pero también pueden limitar. Con frecuencia llegan a estar tan profundamente arraigadas en nosotros que dejamos de reconocerlas como reglas.

La mirada se mueve constantemente entre ambos abanicos. Lo que permanece oculto parece tan importante como aquello que se muestra.

Quizá la imagen hable de las expectativas sociales. O quizá revele aquellas normas que hace tiempo hemos adoptado como propias.


Abscondita

El cuerpo permanece visible mientras el rostro desaparece por completo tras el abanico.

Para muchas personas, el rostro es el lugar principal de la identidad. Sin él, la persona resulta más difícil de definir. El cuerpo permanece, pero la individualidad se retira.

Surge así una tensión singular. Por un lado, parece mostrarse más que antes. Por otro, aquello que parece esencial permanece oculto.

La pregunta sigue abierta: ¿se está escondiendo algo o simplemente se está protegiendo de la mirada ajena?


Interrogo

Por primera vez, la mirada de la modelo se encuentra directamente con la del espectador.

Los papeles comienzan a cambiar. ¿Quién observa a quién? ¿Quién formula las preguntas? ¿Y quién debe responderlas?

Ambos abanicos siguen presentes, pero ya no parecen barreras. Más bien se asemejan a instrumentos mediante los cuales se negocia la visibilidad.

La imagen no ofrece una respuesta. Devuelve la pregunta.


Interposita

La figura se encuentra entre los dos abanicos. Ni la voz de la sociedad ni la decisión individual parecen imponerse por completo.

La imagen transmite una sensación de suspensión, un estado intermedio entre la conformidad y la libertad, entre la expectativa y la autodeterminación.

Muchas de las decisiones que tomamos en la vida nacen precisamente en esos espacios. No como obediencia absoluta ni como rebelión abierta.

Tal vez por eso la imagen no representa un conflicto. Representa una condición que casi todos conocemos.


Quies

Los abanicos descansan en el suelo. La negociación parece haber terminado.

Aquello que antes se debatía entre la visibilidad y el ocultamiento ha perdido su urgencia. Lo único que permanece es la quietud.

Que esa quietud represente liberación o agotamiento sigue siendo una cuestión abierta. Del mismo modo, permanece incierto si los abanicos han sido abandonados o si simplemente ya no son necesarios.

Quizá este sea el final de la historia.

O quizá sea precisamente aquí donde la historia comienza.

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