Los trabajos fotográficos se desarrollan en series cerradas. Las imágenes individuales forman parte de un contexto más amplio y no se entienden deliberadamente como entidades aisladas.
Cada serie sigue un orden interno propio y se desarrolla a lo largo de un período prolongado. Forma, luz y motivo no se establecen de antemano, sino que se precisan progresivamente en el transcurso del trabajo.
Los temas no están concebidos de manera ilustrativa. Funcionan como puntos de partida para investigaciones formales y conceptuales en las que la reducción, la repetición y la variación constituyen herramientas centrales.
Las series llevan deliberadamente títulos en latín. El latín no funciona aquí como referencia a la tradición o a la erudición, sino como un lenguaje de orden neutral, ajeno a atribuciones contemporáneas. El título nombra el espacio de trabajo, no el resultado.




