Septem Vitia Capitalis

Los siete pecados capitales

Soberbia, avaricia, lujuria, envidia, gula, ira y acedia: durante siglos, los siete pecados capitales han sido descritos, representados y condenados como faltas morales. Sin embargo, no son fuerzas ajenas ni características propias únicamente de unas pocas personas. Surgen de necesidades, deseos y temores humanos y, a menudo, contienen ya desde su origen algo que nos resulta familiar.

El respeto por uno mismo puede convertirse en soberbia. El deseo de seguridad, en avaricia. El deseo puede transformarse en lujuria; la comparación, en envidia; el placer, en exceso; la herida, en ira; y el agotamiento, en retraimiento interior.

Los límites rara vez son claros.

En SEPTEM VITIA CAPITALIA, los pecados capitales no se presentan como un catálogo de moral religiosa ni como una acusación. La serie los contempla como fuerzas que actúan en el ser humano: a veces de forma visible, a veces ocultas, a veces dominadas y, en ocasiones, dominantes.

El cuerpo se convierte en el lugar donde estos movimientos interiores toman forma.

Cuerpo, expresión y sombra

Las siete obras prescinden deliberadamente de objetos escénicos y símbolos tradicionales. No hay un espejo para la soberbia, ni oro para la avaricia, ni alimentos para la gula, ni llamas para la ira. Cada pecado encuentra su expresión únicamente a través del cuerpo.

Las posturas están inspiradas en la danza expresionista. El movimiento, la tensión, la apertura, la torsión y el retraimiento se convierten en portadores de estados interiores. Algunos cuerpos se yerguen o se proyectan hacia el exterior. Otros se abren, se rebelan, se arquean o se repliegan sobre sí mismos.

La luz y la sombra hacen emerger parcialmente el cuerpo de la oscuridad, mientras permiten que otras zonas desaparezcan en ella. La sombra no es una simple consecuencia de la iluminación. Prolonga el gesto, multiplica los movimientos y hace visible aquello que se resiste a una definición inequívoca.

La desnudez no es decorativa ni constituye un añadido erotizante. Reduce la representación al ser humano. La ropa indicaría una época, una posición social o una pertenencia. El cuerpo desnudo no lleva consigo nada más que postura, expresión, luz y lenguaje.

Escritura sobre el cuerpo

Sobre cada cuerpo aparecen términos latinos. No se limitan a nombrar el pecado capital correspondiente, sino que dan voz a su lenguaje interior:

Yo domino.
Nunca es suficiente.
Ardo.
¿Por qué él?
Todavía tengo hambre.
Me vengo.
Nada.

Las palabras fueron escritas directamente sobre el cuerpo. Se utilizó una Bastarda histórica, una escritura cuyas formas dinámicas, quebradas y al mismo tiempo fluidas entran en relación con las líneas del cuerpo.

La s larga y la corta, la r redonda, las ligaduras y los marcados trazos ascendentes y descendentes dificultan la lectura inmediata para el observador contemporáneo. El movimiento, la perspectiva y la forma del cuerpo estiran, curvan, fragmentan u ocultan parcialmente la escritura.

Esta legibilidad limitada no es un error. La escritura no sirve únicamente para transmitir lenguaje, sino que se convierte en un elemento visual por derecho propio. Sigue la anatomía, cambia con ella y hace que el cuerpo aparezca como una superficie viva e inscrita.

Por este motivo, en las explicaciones de cada obra los términos utilizados se reproducen con una tipografía moderna y se traducen.

Las siete obras

Las siete fotografías pueden contemplarse inicialmente sin más explicaciones. El título y su traducción identifican el pecado capital correspondiente, mientras que la postura, la expresión, la escritura, la luz y la sombra ofrecen un acceso personal a las imágenes.

Quienes deseen profundizar en las obras encontrarán, debajo de la galería, la sección desplegable «Las imágenes, las palabras y su significado». Al hacer clic, se muestran las descripciones de las siete fotografías, junto con las transcripciones y traducciones de los términos latinos escritos sobre el cuerpo.

SUPERBIA – Soberbia

Escritura sobre el cuerpo

ego – yo
supra – arriba, por encima
dominor – domino, ejerzo el poder
maior – más grande, más importante

El cuerpo se yergue y se eleva por encima del espacio que lo rodea. La postura parece cerrada y segura de sí misma; la mirada se aparta del otro. La soberbia no se manifiesta como una arrogancia ostentosa, sino como la certeza interior de la propia grandeza.

Las palabras se intensifican desde la afirmación del yo hasta la pretensión de superioridad:

Yo. Por encima. Domino. Más grande.

AVARITIA – Avaricia

Escritura sobre el cuerpo

numquam satis – nunca es suficiente
meum – mío, lo que me pertenece
habeo – tengo, poseo

El cuerpo se impulsa hacia delante. Las manos agarran, reúnen y tratan de retener. Sin embargo, la posesión no trae calma. Lo que ya se posee no produce una sensación de plenitud, sino que alimenta el deseo de tener más.

Meum y habeo expresan la posesión. Numquam satis revela el mecanismo interior que se oculta tras ella:

Nunca es suficiente.

LUXURIA – Lujuria

Escritura sobre el cuerpo

ardeo – ardo
sitio – tengo sed
cupio – deseo, anhelo
amo – amo

El cuerpo se abre radicalmente. La cabeza cae hacia atrás y la mirada se aparta, mientras las manos forman un eje cerrado entre el rostro y el regazo.

El deseo no se dirige al espectador como una invitación. Permanece dentro del cuerpo y pertenece por completo a la persona representada. El deseo aparece como un estado que se apodera de todo el ser humano:

Ardo. Tengo sed. Deseo. Amo.

INVIDIA – Envidia

Escritura sobre el cuerpo

cur ille? – ¿por qué él?
alter – el otro
invideo – envidio

El cuerpo se tensa hacia un interlocutor invisible. La mano abierta exige; la boca parece acusar. La envidia no se hace visible únicamente como el deseo de poseer lo que pertenece a otra persona, sino como la incapacidad de soportar su ventaja, su felicidad o su éxito.

La pregunta decisiva no es:

¿Por qué no lo tengo yo?

Es:

¿Por qué él?

GULA – Gula

Escritura sobre el cuerpo

gula – gula; también garganta o fauces
adhuc – todavía, aún
esurio – tengo hambre

El cuerpo yace pesado y exhausto. La cabeza cae hacia atrás, un brazo se desploma sin fuerza sobre el suelo y, sin embargo, una mano permanece junto a la boca.

La gula no aparece como un placer alegre ni como abundancia visible. Muestra el estado posterior al exceso: la saciedad no pone fin al deseo. El cuerpo está agotado, pero la voz interior continúa diciendo:

Todavía tengo hambre.

IRA – Ira

Escritura sobre el cuerpo

furor – furia, rabia
ulciscor – me vengo
ardeo – ardo

La ira se apodera de todo el cuerpo. El rostro está tenso, los dientes quedan al descubierto y las manos se dirigen al mismo tiempo hacia el exterior y contra la propia cabeza.

El movimiento se dirige contra otra persona y, al mismo tiempo, contra uno mismo. La ira se convierte en una fuerza que ataca, deforma y desgarra el orden del cuerpo.

También aquí aparece ardeo:

Ardo.

Pero el fuego del deseo se ha convertido en un fuego de destrucción.

ACEDIA – Acedia

Escritura sobre el cuerpo

acedia – hastío, inercia interior, apatía espiritual
nihil – nada
vacuus – vacío

El cuerpo se ha retirado del mundo. El rostro permanece oculto, los brazos forman una barrera y todo movimiento parece haberse detenido.

La acedia significa más que simple pereza. Históricamente, el término describe el hastío, el vacío interior, la indiferencia y la pérdida de la disposición a relacionarse con el mundo.

El cuerpo no descansa. Se ha retirado.

Nada. Vacío.

Parte de CONVIVIUM

Esta serie fotográfica forma parte de CONVIVIUM y permanece abierta a una interpretación culinaria autónoma. Invita a una chef o a un chef a responder a las imágenes mediante sabores, aromas, texturas y una firma artística propia.

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