IUDICIUM

Sobre esta serie

Hay ciertas preguntas que, como fotógrafo de desnudo artístico, me hacen con una frecuencia sorprendente.

«¿Qué clase de mujeres son realmente las que se dejan fotografiar por ti?» Esa es la versión educada. La menos educada suele ser: «¿Son prostitutas?»

O bien: «¿No te excita fotografiarlas?» o incluso: «Yo no podría controlarme.»

A veces estas frases se dicen en tono de broma. A veces nacen de una curiosidad sincera. Y a veces vienen acompañadas de ese tono satisfecho de quien cree haber pronunciado una profunda verdad sobre la naturaleza humana.

Lo que siempre me ha fascinado de estas preguntas no son las respuestas, sino las preguntas mismas. Porque en ellas ya está contenido todo.

Aparece un cuerpo desnudo y, de inmediato, comienzan las atribuciones. De repente se cree saber algo sobre el carácter de la mujer retratada. Sobre su moral. Sobre sus intenciones. Sobre su sexualidad. Sobre sus motivaciones. Nunca se ha hablado con ella. No se sabe nada de su historia, de sus esperanzas, de sus miedos o de sus pensamientos. Pero se ha visto su cuerpo. Al parecer, eso basta.

La situación se vuelve especialmente divertida cuando uno conoce de verdad a las personas que están delante de la cámara.

La mujer que aceptó convertirse en una superficie de proyección para esta serie muestra su cuerpo en estas imágenes. Lo que no muestra es su intelecto. No muestra las conversaciones que mantenemos sobre arte, filosofía y sociedad. No muestra las objeciones que plantea cuando le presento nuevas ideas. No muestra las preguntas que formula y sobre las que sigo reflexionando días después. Tampoco muestra esos momentos en los que una idea fotográfica aparentemente sencilla se transforma en algo mucho más profundo porque ella se niega a conformarse con simplemente verse bien delante de una cámara.

Todo eso permanece invisible. Los pechos, en cambio, son visibles. Y sorprendentemente, para algunas personas eso ya es suficiente para emitir un juicio sobre un ser humano completo.

Y conviene decir que este fenómeno no se limita a los hombres. Es cierto que nosotros, los hombres, llevamos milenios demostrando cierta dificultad para reducir a las mujeres exclusivamente a su intelecto y a sus cualidades interiores. Sin embargo, la experiencia demuestra que preguntas muy similares también son formuladas por mujeres. Al parecer, la imaginación humana posee un talento extraordinario: ve un cuerpo desnudo y completa el resto con una seguridad admirable.

Quizá ahí resida el verdadero humor de estas preguntas. No en el hecho de que se formulen, sino en todo lo que revelan sobre quien las formula.

Esta serie no nace de la indignación. La indignación suele ser bastante aburrida. Nace de la curiosidad. De la pregunta sobre qué ocurre realmente cuando observamos a otro ser humano.

¿Qué vemos de verdad? ¿Qué añadimos nosotros mismos? ¿Qué historias inventamos? ¿Qué juicios emitimos? ¿Y en qué momento dejamos de ver a la persona que tenemos delante para empezar a ver únicamente la imagen que hemos construido en nuestra propia mente? Las palabras escritas sobre el cuerpo no responden a estas preguntas.

Las plantean. Tal vez por eso estas imágenes hablan menos de la mujer que aparece en ellas que de quienes la observan. Porque al final queda una posibilidad incómoda:

Que aquello que aquí queda al descubierto no sea el cuerpo en absoluto.

IUDICAS?

(¿Juzgas?)

Esta imagen plantea la primera pregunta de la serie. No a la mujer, sino al espectador.

Los juicios suelen formarse con una rapidez sorprendente. Basta una mirada para creer que sabemos quién es una persona, qué piensa, qué desea o cuáles son sus intenciones. La imagen no responde a esas suposiciones. Se limita a formular una pregunta incómoda: ¿el juicio nace realmente de la imagen o de la mente de quien la contempla?


CARO

(Carne, corporeidad)

La palabra latina caro significa mucho más que carne. Se refiere al cuerpo humano, a la encarnación y a la realidad física de la existencia.

El cuerpo aparece aquí como una realidad visible. Al mismo tiempo queda abierta una pregunta: ¿está el espectador viendo realmente a una persona o únicamente su envoltura física? La cuestión no es si el cuerpo está presente. La cuestión es si somos capaces de ver más allá de él.


NIHIL

(Nada)

Un fragmento de cuerpo rodeado por la oscuridad.

La palabra nihil puede leerse como vacío, ausencia o rechazo de una afirmación definitiva. Tal vez no haya nada. Tal vez esté todo. La imagen invita a cuestionar los significados que nosotros mismos añadimos.


NON VIDES

(No ves)

Miramos imágenes y estamos convencidos de haberlas comprendido.

Pero ¿qué es exactamente lo que hemos visto? ¿Una persona? ¿Un cuerpo? ¿Una idea? ¿Una fantasía?

La imagen sugiere que el verdadero error quizá no se encuentre en lo que vemos, sino en la convicción de haberlo entendido todo ya.


QUOD SPECTAS?

(¿Qué estás mirando?)

A primera vista la pregunta parece sencilla. En realidad, podría ser la pregunta central de toda la serie.

¿Qué vemos cuando observamos a un ser humano desnudo? ¿Anatomía? ¿Belleza? ¿Sexualidad? ¿Vulnerabilidad? ¿Arte?

¿O estamos observando únicamente nuestras propias expectativas, prejuicios y deseos?

La imagen no ofrece una respuesta. Deja esa decisión en manos del espectador.


IMPUDICA

(Impúdica, desvergonzada)

Es la única palabra de la serie que ya contiene un juicio.

Pero ¿de quién es ese juicio?

¿Describe a la mujer retratada? ¿O describe los pensamientos de quien le coloca esa etiqueta?

Al final de la serie permanece abierta una pregunta: ¿quién está siendo realmente juzgado? Tal vez la mujer. O quizá la mirada que se posa sobre ella.

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