Hace algunas semanas recibí la invitación para el desayuno en la Anzenberger Gallery. Me alegró mucho recibirla. Oportunidades como esta se han vuelto poco frecuentes: unas horas sin prisas, con tiempo para las imágenes, las conversaciones y las personas.
Así pues, mi amada esposa y yo nos dirigimos a la galería en la mañana del sábado.
La jornada no comenzó frente a las obras, sino alrededor de la mesa del desayuno. El reducido grupo de participantes creó rápidamente un ambiente agradable. Entre café, pasteles y conversaciones surgieron encuentros que quizás solo este tipo de ocasiones puede ofrecer.
Uno de los momentos más gratos para nosotros fue conocer a la artista Stella Bach. Lo que comenzó como una conversación sobre las obras expuestas pronto se convirtió en diálogos mucho más profundos sobre sus reflexiones acerca del arte, los trasfondos de su trabajo y, finalmente, también sobre temas personales.
Mi amada esposa —expresión que utilizo en el sentido más afectuoso y respetuoso posible— conectó igualmente de inmediato con ella. Mientras yo dedicaba parte del tiempo a las fotografías o a otras conversaciones, entre ambas surgieron largos e interesantes intercambios. Encuentros de este tipo se cuentan, para mí, entre las experiencias más valiosas que puede ofrecer una exposición. Uno no se encuentra solamente con las obras, sino también con las personas que se encuentran detrás de ellas.
Puede encontrarse más información sobre su trabajo en la página web de Stella Bach.
Probablemente resulte innecesario presentar a Regina Anzenberger. Desde hace décadas es una de las figuras más importantes de la fotografía austriaca como galerista y promotora de la fotografía artística. Quien aún no la conozca encontrará fácilmente abundante información biográfica sobre ella.
Por ello fue especialmente agradable poder recorrer la exposición guiados personalmente por ella. Las numerosas explicaciones, las perspectivas sobre la creación de las obras y su disposición a responder con detenimiento a todas las preguntas hicieron de la visita algo mucho más amplio que una simple introducción.
La exposición colectiva Flowers and Trees se acerca a la naturaleza desde perspectivas muy diversas. Algunas obras documentan, otras interpretan y algunas traspasan deliberadamente los límites de la fotografía clásica. Precisamente esta diversidad hizo que la exposición resultara especialmente interesante.
Al mismo tiempo podía verse Floating Bonds, de Regina Anzenberger. Sus fotografías intervenidas de caballitos de mar se sitúan entre la observación de la naturaleza y la transformación artística. En algunos momentos, las imágenes parecen criaturas de otro mundo, situadas en algún lugar entre la observación científica y el sueño.
Abandonamos la galería sin la sensación de haber visitado simplemente una exposición más para tacharla de una lista. Fue, más bien, una mañana llena de conversaciones, encuentros y nuevas ideas.
En una época en la que tantas cosas se consumen rápidamente y se olvidan con la misma rapidez, fue un placer dedicar algunas horas a las imágenes, las conversaciones y las personas.
Las obras, los diálogos y los encuentros se complementaron de una manera que no puede planificarse. Mañanas como esta nos recuerdan que el arte no existe únicamente en las paredes de una galería, sino también en el intercambio entre las personas que se reúnen a su alrededor.
